EL FUTURO DE LA CIBERGUERRA

Internet se ha convertido en otro campo de batalla, donde cada vez es más importante la inteligencia artificial. ¿Podemos confiar nuestra defensa a las máquinas? ¿Qué ocurriría si perdemos el control?

La inteligencia artificial (IA) está más presente en nuestro día a día de lo que podría parecer en un primer momento. La incluyen los programas de edición de imágenes de los teléfonos móviles, los sistemas de reconocimiento facial, los servicios de compras online… No obstante, en lo que se refiere a la defensa, la importancia de la IA empieza a ser determinante. El aprendizaje automático, una técnica que permite a las  máquinas encontrar patrones entre la información que manejan y, a partir de ellos, formarse y llevar a cabo por sí solas ciertas tareas, resulta crucial en el ámbito militar.

Los datos aportados por los servicios de inteligencia o captados por aviones o  satélites son así convenientemente procesados y analizados, con el fin de evaluar las amenazas o los riesgos de una misión. La IA pondera las intenciones del enemigo y compara un posible choque con otros que ya han tenido lugar o con los resultados de ejercicios almacenados en bases de datos. Y todo ello a gran velocidad. Es más, sus aplicaciones no se limitan al campo de batalla físico. La inteligencia artificial podría ser el arma definitiva en la ciberguerra, y no solo en lo que se refiere al ataque. Las defensas, desde los firewalls o cortafuegos hasta los programas de detección de virus y troyanos, también se benefician de ella.

Blancos estratégicos

Entre los objetivos prioritarios de los ciberataques se encuentran las infraestructuras e instalaciones fundamentales, como, por ejemplo, las centrales energéticas. En los últimos años ha quedado patente lo vulnerables que pueden llegar a ser estos blancos y cómo una agresión limitada contra ellos puede organizar un notable caos, debido, sobre todo, a que se encuentran sumamente conectados. Eso es lo que ocurrió con Stuxnet, un gusano informático detectado en 2010 que conseguía reprogramar sistemas industriales y ocultaba los cambios que realizaba. En junio de 2012, el New York Times reveló que había sido diseñado por expertos de EE. UU. e Israel como parte de la operación Juegos Olímpicos, dirigida principalmente contra las instalaciones nucleares iraníes. Según parece, Stuxnet tomó el control de más de mil centrifugadoras de la planta de Natanz –el 20 % del total–, unos ingenios que se utilizan para producir uranio enriquecido, y les dio la orden de autodestruirse. También logró anular el sistema de apagado de emergencia.

En este sentido, las citadas técnicas de aprendizaje automático favorecen la capacidad de explotar posibles vulnerabilidades. Pero es que, además, las IA pueden dar a los ejércitos una ventaja fundamental en la toma de decisiones: la velocidad. Su capacidad de cómputo y manejo de datos supera con creces a los operadores humanos. Eso sí, nuestra presencia aún es necesaria. José Ramón Palanco, fundador de Dinoflux, una compañía dedicada a la protección frente a las ciberamenazas que da servicios a empresas y Gobiernos, ve improbable que se produzca una automatización completa en el ámbito de la ciberguerra. Le resulta impensable que dos máquinas vayan a darse de tortas sin que ninguna persona esté detrás de ellas. “A corto plazo, todas las acciones de las IA serán supervisadas. El desarrollo de una totalmente autónoma, capaz de atacar o defenderse por sí sola, no tiene mucho sentido; se puede descontrolar”, indica Palanco.

Pese a ello, ya en el Foro Económico Mundial de Davos de 2016 se planteó que el desarrollo de máquinas letales capaces de actuar por su cuenta es inevitable, y cada vez son más los expertos que muestran su inquietud ante la posibilidad de que se construyan dispositivos de este tipo en secreto, sin ningún tipo de supervisión o cortapisas morales. De momento, los robots armados que existen, como los  drones MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper, de la Fuerza Aérea de EE. UU., están controlados por personas. Pero ¿y si esto cambia?

Puedes leer íntegramente el artículo «El futuro de la ciberguerra», escrito por Alberto Payo, en el número 453 de Muy Interesante.
Imagen: J. M. Eddins Jr. / USAF

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