«Inmobiliaria Celestial», poema de Julio Lozano Fernández. Escritor y abogado

Lo hacen vanamente nacer morir y re su ci tar.

Uno, cien, mil años,

hasta sumar dos mil diecinueve años

celebran los mercaderes de la religión, cada navidad

haciendo nacer al niño en el humilde pesebre,

cada semana santa

ejecutando a Jesús en una cruenta cruz

y el Redimido que ya resucitó

y no quiere seguir naciendo y muriendo

en inútiles e impuros holocaustos humanos.

Tocan las campanas pázcales que llama

y despabila a los sepulcros blanqueados

que acuden perezosos al trillado ritual

a lamer cada domingo la puerta del cielo,

adulando a Dios con moneditas blancas ofrenda

y egoístas promesas soborno.

Compungidos rostros de falsa piedad,

alumbran y descubren las velitas rojas misioneras

que prenden en el santuario adoración

Templos iglesias de rutinarios pastores asalariados sin mensaje aparente
que libere conciencias y oriente al hombre.
Cantan sosos coros alabanza

y hacen repetitivos y aburridas plegarias liturgia

que no escuchan los oídos de Dios  
y se estancan en la bóveda del techo templo.

Celebran cultos religiosos los dueños del festín,

lotizadores de la invisible y santo negocio celestial

que ofrece por precio la gracia divina

y siguen vendiendo lo invendible,

expidiendo títulos indulgencia bendiciones
 certificados bonos acción del cielo

instrumentos de manipulación terrena.

Falsos religiosos que buscan  recibir legados
y venden servicios al gusto del cliente,

misas de difuntos, bautismos, matrimonios,

primera comunión, confirmación, salud, nulidad de matrimonio.

Divino marketing religión al alcance del parroquiano,
que pellizca la ignorancia y superstición humana con

falsas teologías importadas de prosperidad

con el cuento de la siembra cosecha del diezmo,

secundada con oraciones en vigilias nocturnas.

Mercaderes del templo, encantadores de serpientes.

pequeños reyezuelos sectarios de minúsculas comunidades,

hacedores de maldad, osan sanar y echar demonios

usando en vano el nombre de Dios.

Intenciones secretas subalternas

  que discierne con horror y paciencia El Altísimo,

         especialmente cuando usurpan derechos y postergan el desarrollo,

      apoyando al gobernante de turno, protegiendo al pedófilo,

          discriminando al divorciado y homosexual,

          prohibiendo la concepción no deseada,

y negando el ecumenismo religioso.

Lobos rapaces disfrazados de fulgurantes sotanas terno,
que adornan y esconden  insensibles corazones de piedra,
que tocan trompeta al rico e influyente
olvidando al pobre y la caridad verdadera.

Caminan lentos con fingidos rostros

en procesión con incienso, perfumando, escondiendo
intimidades adormecidas y putrefactas con sahumerio y palo santo.

Vociferaran feroces prédicas desde el púlpito,

manipuladoras amenazas de infierno y fuego eterno

    si no nos convertirnos en subyugados creyentes

de sus impositivos y sagrados dogmas
y no separamos un lote de cielo promesa

para la salvación eterna del alma

en la santa inmobiliaria celestial.